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El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, ha criticado este miércoles la respuesta "naif" que considera que la Comisión Europea ha aportado a la crisis energética derivada del bloqueo del Estrecho de Ormuz y ha reivindicado poner sobre la mesa todas las tecnologías energéticas disponibles como petróleo, nuclear o el gas bajo el lema: "Más tecnología y menos ideología".
Por Redacción

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Hay un debate sobre la inteligencia artificial (IA) que lleva años planteándose de forma equivocada. Cada vez que se habla de IA en relación al mercado laboral, la conversación deriva hacia el mismo punto: cuántos empleos va a destruir la máquina. Es una pregunta legítima, pero es la pregunta equivocada. La correcta es otra, y también es urgente: ¿quién va a ocupar los puestos de trabajo que dejarán libres los millones de trabajadores cualificados que se jubilarán en los próximos diez años? La generación del baby boom, la más numerosa de la historia demográfica española, ya empieza a jubilarse.
En un entorno económico cada vez más interconectado, la fiscalidad se ha convertido en una herramienta estratégica de política económica. Los países compiten por atraer inversión extranjera directa, sedes corporativas y capital financiero mediante incentivos fiscales, tipos impositivos reducidos y regímenes especiales para determinados sectores. Esta dinámica, conocida como competencia fiscal internacional, ha moldeado el mapa empresarial global durante las últimas tres décadas.
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en los mercados financieros no constituye una mera evolución tecnológica; representa un cambio estructural en la arquitectura misma del sistema financiero internacional. Desde la gestión de riesgos hasta la asignación de activos, pasando por el crédito, la detección de fraude y la supervisión regulatoria, los algoritmos avanzados están redefiniendo cómo se toman decisiones que movilizan billones de dólares cada día.
En los últimos años, los bancos centrales han iniciado una transformación silenciosa pero profunda en la forma en que interpretan la realidad económica. Durante décadas, la política monetaria se apoyó en indicadores tradicionales —PIB, inflación, empleo, balanza comercial— publicados con periodicidad mensual o trimestral. Hoy, sin embargo, la digitalización de la economía y la proliferación de datos en tiempo real han abierto la puerta a una nueva generación de métricas conocidas como datos no tradicionales o alternativos.

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