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Zidane y Mbappé, unidos por una pasión de infancia: Oliver y Benji

POR REDACCIÓN

Hay cosas que ni siquiera el fútbol puede explicar. Y luego está Oliver Atom, capaz de desafiar las leyes de la física, recorrer un campo que parecía no tener fin y convertir cada partido en una epopeya de hora y media. Zinédine Zidane y Kylian Mbappé pertenecen a generaciones distintas, pero comparten algo más que el fútbol francés: los dos crecieron bajo la influencia de Oliver y Benji, la serie que convirtió a millones de niños en futbolistas antes incluso de que supieran qué era un fuera de juego.

Zidane afronta ahora uno de los pocos desafíos que todavía le quedaban en el fútbol: dirigir a la selección francesa. En el banquillo de Les Bleus coincidirá con Mbappé, capitán y gran referente del equipo. Una relación que tendrá inevitablemente un componente especial, pero que además guarda una curiosa conexión con aquella serie japonesa que marcó a toda una generación de aficionados.

Porque Mbappé nunca ha escondido su pasión por Oliver y Benji. En 2019, el entonces delantero del París Saint-Germain cumplió uno de esos sueños que uno conserva desde niño: conocer a Yōichi Takahashi, creador de la obra. El dibujante japonés le entregó un dibujo personalizado y Mbappé compartió las imágenes en sus redes sociales como lo que era: un sueño cumplido.

De Oliver Atom a las estrellas de verdad

La influencia de la serie no se quedó en las habitaciones de los niños. Algunos de aquellos pequeños espectadores terminaron convirtiéndose en futbolistas profesionales y llegaron, incluso, a levantar los grandes trofeos del fútbol mundial. Uno de los casos más evidentes es el de Fernando Torres.

El exdelantero español ha contado en numerosas ocasiones que comenzó a ver la serie con apenas cinco o seis años, en una época en la que el fútbol televisado no estaba al alcance de los más pequeños como ocurre hoy. Oliver Atom se convirtió entonces en su referente. Quería jugar como él. Quería ser como él.

Y el niño que imitaba a Oliver terminó construyendo una carrera que el personaje de ficción habría firmado encantado: Atlético de Madrid, Liverpool y Chelsea; una Liga de Campeones con los ‘blues’ y, con la selección española, las Eurocopas de 2008 y 2012 y el Mundial de 2010.

No está nada mal para alguien que empezó soñando con un personaje que podía lanzar un balón desde Cuenca y recogerlo en Albacete.

También pasó por el vestuario del Real Madrid

Otro futbolista que mantuvo una relación especial con el universo de Oliver Atom fue James Rodríguez. Antes de ponerse a las órdenes de Zidane en el Real Madrid, el colombiano ya encontraba inspiración futbolística en el personaje de Takahashi. Su afición por la serie forma parte de los recuerdos de infancia que han aparecido asociados a sus primeros referentes futbolísticos.

La coincidencia resulta especialmente curiosa ahora que Zidane y Mbappé están llamados a compartir el proyecto de la selección francesa. El entrenador que marcó una época con el balón en los pies y el delantero que aspira a hacerlo en la suya tienen en común aquella ficción japonesa que enseñó a varias generaciones que un partido de fútbol podía convertirse en una aventura.

Y no una aventura cualquiera. En Oliver y Benji, los porteros volaban, los delanteros parecían tener poderes sobrenaturales y los partidos duraban tanto que uno podía cambiar de colegio antes de que Oliver llegara al área rival. Pero el mensaje era mucho más sencillo: entrenar, mejorar, competir, confiar en los compañeros y no rendirse ante un rival aparentemente imposible de derrotar.

Del televisor al césped

Ahí estaba buena parte de la magia. Oliver Atom no era únicamente un futbolista de dibujos animados. Era el niño que soñaba con llegar lejos, que encontraba en sus compañeros una familia y que entendía el fútbol como una carrera permanente para superarse.

Para muchos chavales españoles de los años ochenta y noventa, aquella serie fue también una puerta de entrada al deporte. Los campos interminables y los disparos imposibles eran fantasía, pero las ganas de jugar eran absolutamente reales. Bastaba con salir a la calle, colocar dos piedras como porterías y empezar a imaginar.

Más de tres décadas después, la ficción vuelve a cruzarse con el fútbol de élite. Zidane se prepara para dirigir a Francia y Mbappé aparece como el líder de una selección que aspira a seguir reinando en el fútbol internacional. Dos generaciones diferentes, una misma camiseta y una curiosa pasión compartida.

Y mientras ellos preparan partidos de verdad, Oliver Atom seguirá corriendo por aquellos campos infinitos. Porque algunos ídolos de infancia no desaparecen nunca: simplemente cambian el televisor por los grandes estadios.

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