Guillermo Domínguez
En un contexto en el que la palabra ‘sostenibilidad‘ corre el riesgo de vaciarse de contenido por exceso de uso, MarSenses ha decidido bajarla al terreno de lo concreto. Horarios, cargas de trabajo, diálogo sindical, accesibilidad real, agricultura regenerativa y una relación honesta con el territorio balear. Nada de grandes titulares vacíos, sino decisiones que afectan al día a día. Al frente de esa filosofía están Rodrigo Fitaroni, CEO de la cadena, y Lorena Coelho, directora de Comunicación, dos voces que se alternan y se complementan al explicar un modelo hotelero que prioriza la calidad frente a la cantidad y el impacto positivo frente al crecimiento a cualquier precio.
Con seis hoteles entre Mallorca y Menorca, una villa vacacional, dos restaurantes y cerca de 800 habitaciones, MarSenses ha convertido la sostenibilidad en una estructura transversal, no en un departamento aislado.
La sostenibilidad que no se ve (pero se nota)
Rodrigo Fitaroni no esquiva el debate. “Se habla mucho de sostenibilidad medioambiental: de residuos, de energía fotovoltaica, de renovables… y todo eso es imprescindible. Pero siempre queda pendiente la sostenibilidad social, y para nosotros es la base de todo”.
En Baleares, donde la saturación turística ha tensado la relación entre residentes y visitantes, el enfoque es claro. “Yo no creo que exista una turismofobia como tal. Lo que hay es hartazgo hacia un modelo turístico que solo genera perjuicios y no beneficios para la población local”.

Desde esa premisa, MarSenses ha optado por trabajar el vínculo con la comunidad desde lo cotidiano. “No se trata solo de hacer eventos o acciones puntuales, sino de revisar la rutina diaria del hotel y preguntarnos cómo podemos mitigar el impacto turístico en nuestros vecinos”.
No hay destinos sin personas
Ese mismo enfoque se traslada al interior de la empresa. Lorena Coelho lo resume con una frase que funciona casi como un manifiesto: “No hay destinos sin personas. Y cuando hablamos de personas no hablamos solo de la comunidad local, sino también de los equipos que trabajan dentro de los hoteles”.
La reducción de la jornada laboral es, probablemente, la medida más conocida de MarSenses, pero también una de las más complejas de ejecutar. “Empezamos en 2024 con 38,5 horas semanales para todo el equipo y ahora estamos en 37,5 horas. Sin trampas ni cartón. Si preguntas a cualquier empleado, te dirá que trabaja exactamente eso”.
La apuesta va más allá. “El equipo de pisos senior, mayores de 58 años, trabaja 32 horas semanales. Es una medida muy importante, tanto a nivel físico como mental”.
Reducir horas no sirve si no alivias la carga
Fitaroni insiste en que la reducción de jornada no puede ser solo un gesto. “No sirve de nada bajar dos horas y media el horario si luego tienes que hacer el mismo trabajo en menos tiempo. Eso es un engaño”.
Por eso, antes de aplicar cualquier cambio, la cadena realizó estudios de carga de trabajo. “En un hotel de sol y playa, la media del sector es de unas 25 habitaciones por camarera de pisos. En MarSenses, el máximo es de 10,5. Menos de la mitad”.

El impacto es múltiple. “Hablamos de menos estrés, de salud mental, de salud física, pero también de algo esencial: la limpieza. Puedes tener un hotel precioso, bien decorado, pero si está sucio no gusta a nadie. La limpieza pulcra es parte de la experiencia y del respeto al cliente”.
Diálogo sindical y generación de derechos
Lejos de huir del conflicto laboral, MarSenses ha hecho justo lo contrario. “Hemos fomentado la creación de mesas sindicales en cada hotel”, explica Fitaroni. “Era necesario abrir un diálogo real para la generación de derechos”.
Algunas medidas, como la reducción horaria para mayores de 58 años, rozan lo que legalmente se considera discriminación positiva. “La única forma de hacerlo bien era pactarlo con los representantes sindicales, construir un marco legal sólido y consensuado”.
El resultado es un modelo que huye del cortoplacismo. “Para nosotros, cuidar a las personas no es un coste, es una inversión”.
Crecer, sí; pero con control y coherencia
De cara a 2026, la compañía mantiene sus planes de crecimiento, aunque con una filosofía muy concreta. “Seguimos creciendo, buscando activos que encajen con nuestra forma de hacer las cosas, pero a la vieja usanza: queremos ser propietarios, no gestores”, explica el CEO.
El motivo es estratégico. “Ser propietarios nos permite tener control absoluto sobre los recursos humanos y aplicar nuestro modelo sin interferencias. Es más complejo, pero también más sostenible”.

Antes de cualquier adquisición, entra en juego un nuevo órgano interno. “Hemos creado un comité ético que evalúa si una posible compra encaja con los valores de MarSenses y con su impacto en la comunidad”.
Malla Viva: regenerar el campo para regenerar el destino
Uno de los proyectos más ambiciosos de la cadena es Malla Viva, una iniciativa de agricultura regenerativa que conecta economía, medioambiente y acción social.
“Regenerativa porque los suelos de Baleares están literalmente muertos”, explica Fitaroni. “Fincas en desuso, exposición extrema al sol, cambio climático… todo eso ha degradado el territorio”.
El proyecto trabaja con agricultura de kilómetro cero, recuperación de fincas abandonadas y reforestación con frutales. “Mallorca era históricamente un destino verde. Los relatos de principios del siglo XX lo describen lleno de árboles. Hoy, el nivel de deforestación es brutal”.
Malla Viva no solo produce alimentos sin químicos, también genera empleo. “Trabajamos con inserción laboral de colectivos vulnerables económicamente y ahora estamos ampliando el foco hacia personas con discapacidad”.
Accesibilidad: más allá de las rampas
La conciencia con la discapacidad es otro de los ejes en desarrollo. “Muchas veces pensamos en accesibilidad solo en términos físicos: rampas, ascensores… pero hay mucho más”, señala Fitaroni.
MarSenses trabaja en la adaptación de espacios para discapacidades cognitivas y sensoriales. “La señalética, la forma de entender los espacios, cómo se vive el hotel desde otras sensibilidades. Es un proceso lento, pero necesario”.
Lorena Coelho añade una idea clave: “No se trata solo de cumplir la ley, sino de generar conciencia. De que el hotel sea un espacio amable y comprensible para todos”.
Un modelo que mira a largo plazo
En MarSenses no hablan de sostenibilidad como una moda, sino como una forma de permanencia. “Si no cuidamos a las personas, al territorio y a la comunidad, el destino se agota”, concluye Fitaroni.
Y quizá ahí esté la clave de su propuesta: entender que el verdadero lujo del futuro no será solo el diseño o la ubicación, sino la coherencia entre lo que se promete y lo que se hace. Un lujo silencioso, pero profundamente transformador.

