Corporate

Premios Corporate 2025

La energía nuclear en España

Ricardo Moreno Escudero
Vicepresidente de Negocio Nuclear en EAG

POR REDACCIÓN

El papel histórico de la energía nuclear en España: de la vanguardia tecnológica a pilar de estabilidad del sistema eléctrico

La energía nuclear ha desempeñado un papel decisivo en la historia energética de España. Desde su irrupción en las décadas centrales del siglo XX hasta su papel actual como columna vertebral de la estabilidad del sistema eléctrico, la nuclear ha sido mucho más que una tecnología de generación: ha sido un vector de progreso industrial, autonomía tecnológica y seguridad de suministro.

Los años setenta: España en la vanguardia del progreso tecnológico

En la década de los setenta, España tomó una decisión estratégica que la situó entre los países más avanzados tecnológicamente de su entorno: apostar por la energía nuclear como parte esencial de su mix eléctrico. En un contexto marcado por el crecimiento industrial, el aumento de la demanda eléctrica y la inestabilidad de los mercados energéticos internacionales, la nuclear ofrecía una combinación difícil de igualar: alta potencia, producción continua y independencia frente a las importaciones de combustibles fósiles.

La construcción de centrales como José Cabrera (Zorita), Santa María de Garoña, Almaraz, Ascó, Cofrentes, Vandellós II o Trillo supuso un salto cualitativo en términos de ingeniería, formación de capital humano y capacidad industrial. España no solo importó tecnología, sino que desarrolló una sólida cadena de valor nacional en ingeniería, construcción, operación, mantenimiento y seguridad nuclear.

Durante esos años, el país se situó en la primera división tecnológica, compartiendo conocimiento y estándares con Estados Unidos, Francia y otros países líderes del sector. La nuclear fue, sin duda, uno de los motores silenciosos del proceso de modernización económica e industrial de España.

Un sistema eléctrico más robusto y resiliente

Con el paso del tiempo, el valor de la energía nuclear ha ido más allá de la mera producción de electricidad. En las últimas décadas, su contribución ha sido fundamental para robustecer el sistema eléctrico español, especialmente en un contexto de creciente penetración de energías renovables variables como la eólica y la solar.

Las centrales nucleares españolas destacan por su altísimo factor de capacidad, habitualmente superior al 90 %. Esto significa que producen electricidad de forma continua, predecible y estable durante prácticamente todo el año. En términos prácticos, la nuclear proporciona una base sólida sobre la que se apoya el resto del sistema eléctrico, reduciendo la necesidad de respaldo fósil y contribuyendo a la seguridad de suministro.

En un sistema cada vez más complejo y expuesto a variaciones meteorológicas, esta estabilidad no es un lujo, sino una necesidad técnica.

La importancia de la inercia síncrona

Uno de los aspectos menos conocidos, pero más críticos, de la energía nuclear es su aportación a la inercia síncrona del sistema eléctrico. Las centrales nucleares, al igual que otras grandes centrales térmicas tradicionales, utilizan grandes alternadores síncronos que giran a velocidad constante. Esta masa giratoria aporta inercia física al sistema, amortiguando perturbaciones y estabilizando la frecuencia de la red.

En términos sencillos: cuando se produce una pérdida súbita de generación o una variación brusca de demanda, la inercia ayuda a evitar caídas de frecuencia que podrían derivar en apagones o desconexiones en cascada.

A medida que se retiran centrales convencionales y aumenta la generación basada en electrónica de potencia (como la solar fotovoltaica o la eólica sin inercia directa), este atributo cobra una relevancia creciente. La energía nuclear sigue siendo uno de los principales proveedores de estabilidad dinámica del sistema eléctrico español.

Un aliado clave de la descarbonización

Aunque durante años ha sido objeto de debate ideológico, hoy existe un consenso técnico cada vez más amplio: la descarbonización profunda del sistema eléctrico no es viable sin energía nuclear. España ha logrado reducir significativamente sus emisiones en el sector eléctrico gracias a la combinación de renovables y nuclear, que juntas representan la mayor parte de la generación libre de CO₂.

La nuclear aporta algo que pocas tecnologías pueden ofrecer simultáneamente: electricidad libre de emisiones, producción continua, alta densidad energética y ocupación territorial mínima. En un país con una fuerte ambición climática y una electrificación creciente del transporte, la industria y los servicios, este valor es estratégico.

Capital humano y excelencia operativa

Otro legado fundamental de la energía nuclear en España es el capital humano altamente cualificado que ha generado. Operadores, ingenieros, técnicos, especialistas en seguridad y reguladores han construido, durante décadas, una cultura de excelencia operativa, rigor técnico y mejora continua.

Las centrales españolas figuran de forma recurrente entre las mejor valoradas a nivel internacional en términos de seguridad y desempeño, lo que demuestra que la apuesta realizada hace décadas no solo fue tecnológica, sino también cultural.

Mirando al futuro

Hoy, cuando el debate energético se centra en la transición ecológica, la competitividad industrial y la seguridad de suministro, resulta imprescindible analizar el papel de la energía nuclear con una mirada histórica y técnica, alejada de simplificaciones.

La nuclear no es una tecnología del pasado, sino un activo estratégico heredado que ha permitido a España avanzar, competir y estabilizar su sistema eléctrico en momentos críticos. Su contribución en los años setenta situó al país en la vanguardia del progreso; su papel actual sostiene la fiabilidad del sistema en plena transición energética.

Reconocer este legado no implica renunciar a las renovables, sino entender que los grandes sistemas energéticos se construyen sobre complementariedades, no sobre exclusiones.

La historia de la energía nuclear en España es, en definitiva, la historia de una apuesta por el largo plazo. Y en un mundo que vuelve a valorar la resiliencia, la seguridad y la fiabilidad, esa apuesta sigue demostrando su vigencia.

Lo más leído

,