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El edificio del siglo XIX refuerza el atractivo turístico de Saint-Émilion

POR REDACCIÓN

Un majestuoso edificio del siglo XIX situado a orillas del río Dordoña, a tan solo tres kilómetros del encantador pueblo de Saint-Émilion, se consolida como uno de los principales referentes patrimoniales y turísticos de la región. Rodeado de viñedos y paisajes naturales, el inmueble combina historia, elegancia arquitectónica y una ubicación privilegiada en el corazón de la zona vinícola de Nueva Aquitania.

Un enclave histórico con vistas al río

Construido en el siglo XIX, el edificio destaca por su imponente fachada de piedra, amplios ventanales y jardines cuidadosamente diseñados que descienden hacia el río. Además, su cercanía a Saint-Émilion, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, lo convierte en un punto estratégico para quienes desean descubrir la riqueza cultural y gastronómica de la zona.

Dónde alojarse

La región ofrece múltiples opciones para el visitante. Desde hoteles boutique ubicados en antiguos châteaux restaurados, hasta casas rurales entre viñedos y pequeños alojamientos con encanto en el casco histórico de Saint-Émilion. Asimismo, existen establecimientos con spa y vistas al río Dordoña, ideales para quienes buscan una estancia relajante combinada con experiencias enoturísticas.

Qué ver en los alrededores

A pocos minutos se encuentra el pueblo medieval de Saint-Émilion, famoso por su iglesia monolítica excavada en roca, sus calles empedradas y sus bodegas subterráneas. Además, es imprescindible recorrer los viñedos que rodean la localidad y participar en catas de vino en algunas de sus prestigiosas denominaciones de origen.

Por otro lado, el propio río Dordoña ofrece actividades como paseos en kayak, rutas en bicicleta por la ribera y excursiones en barco que permiten disfrutar del paisaje desde otra perspectiva.

Impulso al desarrollo local

El creciente interés por este edificio emblemático y su entorno ha dinamizado la economía de la zona. Restaurantes, bodegas y comercios locales se benefician del flujo constante de visitantes que buscan una experiencia completa entre naturaleza, historia y vino.

En definitiva, este edificio del siglo XIX junto al río Dordoña no solo preserva la memoria arquitectónica de la región, sino que también se posiciona como uno de los grandes atractivos turísticos del suroeste francés, integrando patrimonio, ocio y tradición vitivinícola en un mismo destino.

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