Guillermo Domínguez
En una esquina siempre concurrida de Madrid Fusión, entre el bullicio de chefs, sumilleres y periodistas gastronómicos, hay un aroma que no procede ni de la trufa ni del fondo oscuro de un guiso. Es más mineral, más seco, con un punto salino que remite directamente a la tierra negra y porosa de Lanzarote. Allí, en el stand de la isla, se sirve Primo de Lanzarote, un vermut que no solo presume de origen, sino de una singularidad incontestable: es el único vermut del mundo elaborado con Malvasía Volcánica.
No es un detalle menor ni una simple etiqueta de marketing. Es, en realidad, el corazón de un proyecto que ha conseguido situar a Canarias —y más concretamente a Lanzarote— en un mapa históricamente dominado por nombres como Turín, Reus o Madrid. “La gente conoce el vermut de Madrid, el de Reus… pero quizá ni se imagina que en Lanzarote se pueda hacer un vermut”, explica Davide Musci, CEO de Vermuts Primo de Lanzarote, en declaraciones realizadas a CORPORATE durante la última edición de Madrid Fusión.

Un vermut nacido del volcán
Primo de Lanzarote es, ante todo, una apuesta por el vino y por la uva. “Desde el principio apostamos por la calidad del vino y por una uva única como la Malvasía Volcánica, procedente de bodegas de la Denominación de Origen Lanzarote”, subraya Musci. Esa decisión marca un antes y un después respecto a otros vermuts peninsulares e incluso frente a los clásicos italianos. El suelo volcánico, el clima extremo y la viticultura heroica de la isla imprimen al producto final un carácter irrepetible.
No se trata de un vermut más, sino de un aperitivo con identidad propia, profundamente ligado al territorio. En Lanzarote, donde las vides crecen protegidas en hoyos excavados en la ceniza volcánica, el vino adquiere una personalidad que luego se traslada al vermut tras el proceso de maceración con botánicos cuidadosamente seleccionados.
Blanco y rojo, dos expresiones de una misma isla
La gama se articula en dos referencias: vermut blanco y vermut rojo, ambos con elaboraciones y maceraciones distintas. El blanco destaca por su perfil más fresco y aromático, ideal como aperitivo clásico, mientras que el rojo se apoya en vino tinto de Lanzarote, con un carácter más contundente y profundo.

“Es un vermut muy diferente no solo al de la península, sino también a los vermuts de Turín”, señala Musci. En el caso del rojo, el resultado es casi gastronómico: “Tiene un punto más digestivo, con mucha personalidad, que incluso marida muy bien con el chocolate”. Una afirmación que rompe esquemas y confirma que estamos ante un producto pensado para ir más allá del simple ritual del mediodía.
Tradición recuperada, no inventada
Aunque para muchos pueda parecer una novedad, el vermut forma parte de la memoria líquida de la isla. En Lanzarote existía tradición de tomar vermut, aunque con el paso del tiempo se fue diluyendo. Primo no inventa una costumbre, sino que la recupera y la actualiza, dotándola de un relato contemporáneo y de una calidad que ha convencido tanto a expertos como a consumidores.
La respuesta del público en ferias especializadas es, según Musci, más que alentadora. “El stand de Lanzarote siempre está a tope. La gente viene con curiosidad, quiere conocer productos de la isla, y para nosotros es un orgullo poder representar a Lanzarote en un evento como Madrid Fusión”.
Orgullo e intercambio
La presencia en esta reconocida feria de la gastronomía, que se celebra a finales de enero, no solo sirve para dar visibilidad al producto. También es un punto de encuentro con otros productores, tanto de Canarias como del resto del mundo. “Es una manera de tratar con productores de otras islas y de otros países, así como de intercambiar experiencias”, apunta el CEO de Primo. En un sector cada vez más competitivo, ese diálogo resulta clave para seguir creciendo sin perder autenticidad.

Actualmente, Primo de Lanzarote centra su comercialización principalmente en Canarias, con una presencia cada vez más sólida en Madrid y Alicante, además de pequeños lotes en Inglaterra. La producción está muy ligada a la vendimia anual, lo que refuerza el carácter artesanal y limitado del vermut.
Mirando a 2026: crecer sin perder el alma
Los objetivos de la marca para 2026 están claros y, a la vez, bien medidos. “Queremos aumentar las ventas, sí, pero sobre todo seguir mejorando la calidad”, afirma Musci. En un mercado saturado de referencias, Primo juega la carta de la singularidad: “Hay muchos vermuts, pero solo uno volcánico”.
El reto pasa por darlo a conocer sin traicionar su esencia. Incrementar la producción lo justo para poder satisfacer la demanda, manteniendo el vínculo con la Malvasía Volcánica y con la identidad de Lanzarote. No es una carrera de velocidad, sino más bien de fondo, apoyada en un relato sólido y en un producto que habla por sí solo en la copa.
En tiempos de vermuts urbanos y recetas reinterpretadas, Primo de Lanzarote se diferencia ofreciendo algo distinto: un trago que sabe a lava, a viento y a mar, como santo y seña de la Isla de los Cien Volcanes. Un vermut que no se entiende sin su paisaje y que demuestra que, incluso en el terreno del aperitivo, el origen importa. Y mucho.

