Corporate

Bodegas Marisol Rubio: una copa de autenticidad desde La Mancha toledana

POR REDACCIÓN

Guillermo Domínguez

Los pequeños bodegueros representan menos de un tercio del volumen del vino que se produce en España, pero concentran buena parte de su personalidad. Son ellos quienes mantienen vivas elaboraciones artesanales, se atreven con variedades poco habituales y convierten cada botella en el reflejo de un territorio concreto. Frente a la homogeneización que, en ocasiones, acompaña a las grandes producciones, sus vinos cuentan historias.

Y precisamente esa filosofía ha vuelto a reivindicarse en los albores de este verano en el salón Viñadores y el showroom Los paisajes de Castilla-La Mancha, celebrados en Madrid, donde una veintena de proyectos familiares demostraron que el futuro del vino español también pasa por preservar la identidad de quienes elaboran sin renunciar a la calidad ni a la autenticidad.

Entre todas esas bodegas destacó Bodegas Marisol Rubio, un pequeño proyecto familiar de Villanueva de Alcardete (Toledo) que en apenas siete años ha conseguido abrirse un hueco en mercados internacionales gracias a una apuesta tan singular como arriesgada. Mientras buena parte del sector mira hacia variedades tradicionales de su entorno, esta bodega decidió recorrer el camino contrario y apostar por la variedad Pedro Ximénez en plena Castilla-La Mancha, convirtiéndose en una referencia prácticamente única en el centro de España.

Con una producción que ronda las 20.000 botellas anuales repartidas en cuatro referencias, la bodega demuestra que el éxito no siempre se mide por millones de litros vendidos. Desde aquella primera añada de apenas 1.500 botellas en 2018, sus vinos han llegado ya a una quincena de países entre Europa y América, consolidando un crecimiento pausado, pero firme, basado en la calidad y no en el volumen.

La valentía de hacer un vino diferente

«Somos una bodega familiar; aquí todos hacemos de todo», resumió Jorge Garrido, director de Operaciones de Bodegas Marisol Rubio, en declaraciones a CORPORATE durante su participación en Viñadores. Su trabajo abarca desde la logística hasta el seguimiento comercial, una muestra de cómo funcionan estos pequeños proyectos donde cada integrante de la familia participa en prácticamente todas las áreas del negocio.

Pero si hay una palabra que define la filosofía de la bodega es, precisamente, la valentía. No en vano, mientras otras casas buscan recuperar variedades históricas desaparecidas, ellos decidieron plantar una uva que nunca había formado parte del paisaje vitícola de la comarca.

«Buscamos poner en valor producciones diferentes. Mientras otras bodegas recuperan variedades autóctonas que se habían perdido, nosotros hacemos justo lo contrario: trabajamos una variedad que nunca se había dado en nuestra zona. Esa valentía es una de nuestras señas de identidad», explica Garrido.

La Pedro Ximénez, tradicionalmente asociada a Andalucía y a vinos dulces, adquiere aquí una personalidad completamente distinta al elaborarse en seco. El resultado son blancos con una marcada identidad manchega, donde aparecen aromas de monte bajo, tomillo, encina, lavanda o heno, acompañados de fruta blanca en los vinos jóvenes y mayor complejidad aromática en los criados sobre lías y en barrica. Una interpretación diferente de una variedad conocida que ha permitido a la bodega hacerse un nombre propio dentro del panorama vitivinícola nacional e internacional.

Vinos pensados para sentarse a la mesa

Sin embargo, en Marisol Rubio no entienden el vino como un producto aislado, sino como un compañero inseparable de la gastronomía. Toda su gama ha sido concebida para acompañar la cocina española y, especialmente, la manchega, una de las grandes olvidadas cuando se habla de alta gastronomía pese a la enorme riqueza de su despensa.

«Son vinos muy gastronómicos. Queremos cubrir toda la oferta gastronómica que ofrece nuestro país y creemos que la cocina manchega es una de las más infravaloradas de España», sostiene Garrido.

Y pocas provincias representan mejor esa tradición culinaria que Toledo. Tierra de caza por excelencia, sus mesas siguen ofreciendo platos de enorme personalidad elaborados con perdiz roja, venado, jabalí o conejo, además de guisos, escabeches y recetas tradicionales donde predominan los sabores intensos. Lejos del tópico que reserva los vinos blancos para pescados y mariscos, las elaboraciones de Marisol Rubio buscan precisamente romper ese prejuicio gracias a una estructura y complejidad capaces de acompañar carnes de caza y platos contundentes sin perder frescura.

Es esa capacidad para integrarse en la mesa la que explica que buena parte de sus clientes pertenezcan al canal de hostelería de nivel medio y alto, donde cada vez se valora más disponer de vinos diferentes capaces de sorprender al comensal.

Un homenaje convertido en marca

Más allá del vino, la bodega también posee una historia profundamente familiar. El proyecto nace del trabajo conjunto de dos hermanos junto a su padre, viticultor de toda la vida, pero también del deseo de rendir homenaje a la figura de su madre.

Marisol Rubio no es únicamente el nombre comercial de la bodega. Es el nombre de la mujer cuya firma manuscrita aparece en cada una de las etiquetas, convertida en el emblema de un proyecto que quiso inmortalizar su legado familiar. «Hay una parte sentimental muy potente que humaniza el producto. Somos dos hermanos que nos involucramos en el trabajo de nuestro padre y quisimos homenajear a nuestra madre utilizando su propia firma», explica Jorge sobre su hermana Piedad Garrido.

Ese componente emocional se convierte en un valor añadido que diferencia a la bodega de otras propuestas. En un mercado cada vez más competitivo, donde muchas marcas buscan destacar únicamente por criterios comerciales, Marisol Rubio ha encontrado en su propia historia familiar una forma de transmitir autenticidad.

El aceite como complemento natural

La apuesta por el producto de calidad no termina en el viñedo. La familia también elabora un aceite de oliva virgen extra elaborado principalmente con aceituna Cornicabra, variedad emblemática de Toledo, complementada con Picual y Arbequina para conseguir un equilibrio entre intensidad, frescura y un ligero toque picante.

Según explica Jorge Garrido, ese aceite completa la filosofía gastronómica de la bodega y está especialmente pensado para la restauración de nivel medio-alto, donde acompaña tanto ensaladas como tostadas o platos elaborados, manteniendo la misma filosofía artesanal que caracteriza a sus vinos.

La historia de Bodegas Marisol Rubio demuestra que el futuro del vino español no depende exclusivamente de las grandes cifras de producción. También de pequeños elaboradores capaces de asumir riesgos, apostar por la diferenciación y mantener una estrecha relación con el territorio. En una época marcada por la globalización del mercado, proyectos familiares como el de Villanueva de Alcardete recuerdan que la verdadera personalidad de un vino sigue naciendo en el viñedo, continúa en la mesa y termina convirtiéndose en una experiencia capaz de contar mucho más que el contenido de una botella.

Lo más leído