Texto: Guillermo Domínguez
Zaragoza atraviesa un momento extraordinario. La capital de Aragón se ha subido con decisión al tren de la gastronomía como eje cultural, económico y turístico, y lo hace con un calendario que impresiona incluso al más escéptico: Capital Mundial de la Garnacha en 2025, Ciudad Creativa UNESCO de la Gastronomía en 2026 y Capital Europea del Deporte en 2027. Al frente de ese relato, con verbo fácil y discurso trabajado, se encuentra Sara Fernández, consejera de Cultura, Educación y Turismo del Ayuntamiento de Zaragoza, que no esconde el orgullo ni la ambición.
«Zaragoza está de moda», explica a CORPORATE la consejera en el marco de Madrid Fusión 2026, regalando esta frase que bien podría ser el titular de este artículo.
La conversación arranca precisamente ahí, en esa sucesión de capitalidades que han colocado a la ciudad en el foco nacional e internacional. Fernández insiste en que no se trata de fuegos artificiales ni de reconocimientos aislados, sino de una estrategia coherente y sostenida en el tiempo. “Uno de los principales atractivos turísticos de Zaragoza es su patrimonio histórico, eso es indiscutible, pero la gastronomía es otra de las grandes razones por las que venir a nuestra ciudad”, explica. Y no lo dice como eslogan, sino que detrás hay muy buen producto, un sector potente y mucha planificación.
La huerta zaragozana, los alimentos “que saben de verdad”, como reza la campaña del Gobierno de Aragón, y un potente tejido agroalimentario y hostelero forman la base del proyecto. “Para nosotros esa suma era una apuesta clarísima y ganadora. Por eso decidimos que el impulso gastronómico y la innovación en gastronomía fueran una de nuestras señas de identidad”, subraya la consejera.

De la garnacha a la UNESCO
Ese camino empezó a tomar forma el año pasado con un proyecto tan identitario como ambicioso: Zaragoza Capital Mundial de la Garnacha. Una idea que mira al territorio y a la provincia, donde conviven tres denominaciones de origen —Calatayud, Campo de Borja y Cariñena— que comparten una uva autóctona y un relato común. “Queríamos poner en valor la garnacha, que es una uva de nuestra tierra y de nuestra provincia”, recuerda Fernández. Y para ello se diseñó un programa anual de actividades que combinó congresos, concursos, enoturismo y visitas a bodegas, siempre con la idea de sacar a la gente de la ciudad y llevarla al territorio. “La acogida fue muy buena”, apunta, con la satisfacción de quien ve confirmada una intuición política.
La iniciativa no se queda ahí. Zaragoza acogerá a principios de junio la segunda edición del Festival del Vino, un evento que ya se ha convertido en postal: a los pies del río Ebro y de la Basílica del Pilar, con garnachas centenarias plantadas que proceden de las tres denominaciones de origen, la ciudad se transforma durante un fin de semana en un gran escaparate del vino en la calle. Cultura, ocio y bodegas conviven en un formato accesible y popular que volverá a repetirse en junio. “Es un ejemplo de cómo entendemos la gastronomía: abierta, participativa y ligada a nuestra identidad”, resume.
Ese trabajo previo ha sido clave para lograr uno de los grandes hitos: la entrada de Zaragoza en la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO como Ciudad Creativa de la Gastronomía en 2026. Un club selecto en el que, hasta ahora, solo estaban Burgos y Denia en España. “Ahora somos la tercera”, destaca Fernández, consciente de lo que supone compartir mesa con ciudades de todo el mundo que trabajan la gastronomía como motor de desarrollo.
«Uvas y queso saben a beso»
La consejera insiste en que la UNESCO no premia solo eventos, sino un modelo. “Todas las acciones que ya llevábamos a cabo y que nos han permitido conseguir esta capitalidad son un sello de identidad: apostamos por la sostenibilidad, por dar un servicio de calidad y por poner en valor los alimentos”. Y hay talento para respaldarlo. “Tenemos grandes profesionales que han ganado premios a nivel nacional e internacional”, recuerda, reivindicando un sector que a menudo trabaja en silencio.
En Aragón, dice Fernández con una sonrisa, “decimos eso de que uva y queso saben a besos”. El maridaje entre lo que se come y lo que se bebe es casi una filosofía de vida. Y los datos lo confirman: “Cuando hacemos encuestas, vemos que la gastronomía es un punto fuerte de Zaragoza”.

Ambicioso programa de acciones en 2026
De cara a 2026, el Ayuntamiento ya trabaja en un programa ambicioso de acciones concretas vinculadas a la Ciudad Creativa de la Gastronomía. Festivales, talleres, exhibiciones y muchas actividades de la mano del sector, “que es algo fundamental”. A eso se suman rutas gastronómicas específicas —la ruta de la tapa mudéjar, la ruta de la tapa de Goya— y un clásico con solera: el Concurso de Tapas de Zaragoza, el más antiguo de España. “En cuanto hay una celebración, la gastronomía está presente: Gastropasión en Semana Santa, las Fiestas del Pilar… utilizamos siempre la gastronomía para complementar y, muchas veces, para ser protagonista de nuestra agenda cultural”.
El contexto político no pasa desapercibido. “Estamos en campaña”, reconoce, sin rodeos, en un año marcado por elecciones (las autonómicas de Aragón son el próximo domingo 8 de febrero). Pero Fernández prefiere mirar más allá del corto plazo y hablar de legado. “Estos eventos son muy importantes para darnos a conocer a España y al mundo. Tenemos eventos todo el año”, afirma. A la gastronomía se suma el deporte, con la capitalidad europea en 2027, y la cultura, con una fecha ya marcada en rojo: 2028, bicentenario del fallecimiento de Francisco de Goya. “Es una figura clave para Zaragoza y para Aragón, y lo celebraremos con todas las ciudades vinculadas a él”.
Eclipse solar en agosto
Y aún hay más. El 12 de agosto de 2026, Zaragoza será uno de los pocos grandes núcleos urbanos desde los que se podrá ver un eclipse solar total. “Normalmente agosto no es uno de nuestros meses fuertes, pero ese año lo va a ser”, adelanta Fernández. De hecho, algunos hoteles ya tienen reservas completas. Una prueba más de que, cuando la oportunidad se presenta, Zaragoza no la deja pasar.
Cultura, deporte, gastronomía… y hasta astronomía. La ciudad suma argumentos y capitalidades para contarse al mundo. Y en ese relato, la garnacha y los fogones han pasado de acompañamiento a protagonistas. Como diría un buen comensal… el menú promete.

