Las empresas españolas no integran a la infancia como grupo de interés en sus decisiones empresariales. El impacto del sector privado en niños, niñas y adolescentes va mucho más allá del consumo: incluye desde los
productos y la publicidad hasta las condiciones de sus familias o lo que ocurre en las cadenas de suministro. Es una de las principales conclusiones de ‘Todas las empresas impactan en la infancia’, un estudio pionero elaborado por UNICEF España, en colaboración con el Centro de Innovación Social y Sostenibilidad del IE University, que analiza 75 empresas de diez sectores claves para la infancia: alimentación, consumo, energía, estética, medios de comunicación, salud, servicios financieros, tecnología y gaming, textil y calzado; y turismo y viajes.
Siete de cada diez empresas analizadas no tienen en cuenta a la infancia en su modelo de negocio, a pesar del impacto que su actividad tiene en niños, niñas y adolescentes.
Si bien muchas compañías han avanzado en materia de derechos humanos, la infancia sigue estando poco presente. En algunos sectores se tiene en cuenta al diseñar productos y servicios, pero se olvidan en sus campañas de marketing y publicidad.
Coincide además, que, en aquellos sectores más regulados o con una relación más directa con la infancia, como energía o salud, tienden a avanzar más rápidamente.
Cuando hay reglas claras, más exigencia o una relación directa con niños y niñas, las empresas reaccionan antes y mejor.
Integración
El estudio mide cómo las empresas integran los derechos de la infancia a través de dos grandes áreas de análisis. La primera, ‘Debida diligencia’, evalúa cómo identifican, previenen y gestionan los riesgos relacionados con los derechos de la infancia. La segunda, ‘Asuntos y funciones’, analiza cómo abordan los riesgos específicos de su actividad, en ámbitos como la protección de la infancia, el medioambiente o el
marketing y la comunicación dirigida a niños y niñas.
En la integración de la infancia en políticas y sistemas de gestión es donde las empresas obtienen una mejor puntuación (0,92 sobre 2 en el indicador de ‘Debida diligencia’), aunque siguen por debajo del aprobado. La nota desciende al estudiar la aplicación de medidas específicas relacionadas con su actividad (0,57 sobre 2 en el indicador de ‘Asuntos y funciones’)
Por sectores, energía, consumo y salud son los mejor posicionados. Estos sectores avanzan en la integración de derechos, pero carecen de prácticas “explícitas” o “sistemáticas” para proteger a la infancia. Turismo y viajes, gaming y tecnología y estética registran las puntuaciones medias más bajas.
Para José María Vera, director ejecutivo de UNICEF España, “el reto principal no es crear nuevas estructuras de gestión del impacto, sino evolucionar las actuales para que integren de forma explícita, transversal y medible los derechos de la infancia”. En este sentido, añade que integrar a la infancia en el modelo de negocio es “indispensable para la infancia al tiempo que una oportunidad, especialmente en un contexto de
creciente exigencia regulatoria”.
Medir el impacto
Los niños, niñas y adolescentes están cada vez más expuestos al impacto de las empresas. Están presentes en su entorno y se ven afectados por sus productos y campañas de marketing y comunicación.
A pesar de ello, siguen sin ser considerados de manera general como un grupo de interés en la gestión empresarial y no existe una medición consistente del impacto de las decisiones empresariales, lo que dificulta la identificación y gestión de riesgos, la implementación de mejoras y la detección de oportunidades. Los derechos de la infancia todavía no están plenamente integrados en códigos de conducta, cláusulas
contractuales, auditorías y evaluaciones de proveedores. Más allá del trabajo infantil, se deben atender otras cuestiones como las condiciones laborales para jóvenes trabajadores, la protección de maternidad y paternidad, la salud y seguridad de trabajadoras embarazadas, los salarios dignos, el cuidado infantil y las condiciones de vida de las comunidades proveedoras. Este informe pionero impulsa el camino del
sector privado español hacia modelos de negocio más responsables y sostenibles capaces de generar valor económico mientras minimizan sus impactos negativos en la infancia y potencian los positivos.
Recomendaciones
Por último, el estudio propone:
● reconocer a la infancia como grupo de interés,
● garantizar su protección ante toda violencia,
● adoptar políticas responsables de comunicación,
● garantizar entornos digitales seguros y adaptados a su edad,
● proteger el medioambiente, promoviendo entornos saludables y seguros,
● e integrar la participación significativa de la infancia en la toma de decisiones
empresariales.
Esto implica compromisos firmes y medidas concretas para incentivar el uso responsable en el entorno digital, diseñar productos que contribuyan al bienestar de la infancia, apostar por mensajes constructivos y libres de estereotipos, e incorporar a la infancia en la medición de impactos.
El informe concluye que todas las compañías, independientemente de su naturaleza, en mayor o menor medida impactan en la infancia. Por ello, además de responsabilidad, las empresas tienen por delante una gran oportunidad de impulsar un competitividad desde un modelo de negocio coherente, sólido y con impacto positivo en la infancia desde su propia actividad.

