Corporate

«La comida es tu medicina»: el alegato del ‘cocinólogo’ Dani Colino por una nueva cultura alimentaria

POR REDACCIÓN

Guillermo Domínguez

Hay quien diseña espacios y hay quien, casi sin saberlo, contribuye a transformar hábitos, rutinas y hasta formas de vida. Daniel Colino —simplemente Dani Colino, como prefiere— pertenece a esta segunda categoría. Se define como «cocinólogo», un término que él mismo ha popularizado en redes sociales y que encapsula su forma de entender la cocina: no solo como un lugar donde se cocina, sino como el epicentro emocional del hogar.

Su discurso, articulado con naturalidad y convicción, va mucho más allá del diseño. En él confluyen estética, funcionalidad, tecnología y, sobre todo, salud. Porque si algo tiene claro este experto —embajador de la marca SilverCrest, de Lidl— es que el pequeño electrodoméstico se ha convertido en una herramienta clave para reeducar nuestros hábitos nutricionales.

«¿Dónde se habla en casa?», lanza como pregunta retórica. «No es en el salón, ni en el baño, ni en el dormitorio… es en la cocina», explica Dani Colino en una entrevista a CORPORATE realizada tras un evento de la marca en Madrid. Y ahí, en ese espacio aparentemente cotidiano como es la cocina, es donde se gestan las grandes conversaciones… y también los grandes cambios.

La cocina como espacio emocional

Dani Colino no habla solo de muebles ni de distribución. Habla de relaciones humanas. De cómo un espacio bien concebido puede favorecer el diálogo entre padres e hijos, entre parejas, entre hermanos… «Yo a mi madre le conté todas las grandes noticias en la cocina», recuerda.

Su formación en diseño y Bellas Artes le ha llevado a entender las cocinas como espacios vivos, duraderos —»de 20 o 30 años»—, en contraposición con lo efímero de un plato bien presentado que desaparece en minutos. «Nosotros creamos algo que permanece», explica con una mezcla de orgullo y responsabilidad.

Pero esa permanencia tiene una contrapartida: la dificultad de adaptación. Porque, como él mismo reconoce, nadie reforma su cocina cada pocos años. Y es ahí donde entra en juego el verdadero protagonista de su discurso.

Pequeño electrodoméstico, gran aliado

«Cambiar una cocina es caro, complejo y poco frecuente. Pero cambiar un pequeño electrodoméstico… eso sí es viable». Con esta idea, Dani Colino articula una de sus principales tesis: el pequeño electrodoméstico como palanca de cambio.

Frente a la durabilidad de los muebles, estos dispositivos permiten evolucionar la cocina sin necesidad de reformas. «A los ocho o diez años puedes renovarlos sin problema. Y eso te permite adaptarte a nuevas formas de cocinar, a nuevas necesidades», apunta al respecto.

La lista que propone no es casual. En primer lugar, la limpieza: aspiradores sin cable, ligeros, prácticos, que facilitan el mantenimiento diario. Después, la alimentación: el robot de cocina —en Lidl y SilverCrest presumen del Monsieur Cuisine Smart (399,99 euros), que con 11 funciones diferentes facilita la preparación de recetas saludables y deliciosas para toda la familia—, que es «la reina». Y, por último, el disfrute: cafeteras, envasadoras al vacío o dispositivos menos conocidos pero con un enorme potencial.

Especial mención merece esta última. «Se habla poco de la envasadora al vacío, pero es una maravilla. Conserva mejor los alimentos, evita contaminaciones y permite organizar la comida de forma eficiente». Una herramienta, en definitiva, alineada con un estilo de vida más saludable y práctico.

Democratizar la cocina

En su papel de embajador de SilverCrest, la marca de pequeño electrodoméstico de Lidl, Colino defiende un concepto clave: la democratización. «Muchas de estas tecnologías ya existían, pero eran inaccesibles para la mayoría», explica. La diferencia ahora está en el precio. «Estamos hablando de productos que pueden costar un 70% menos que otras alternativas del mercado«.

Esa accesibilidad cambia las reglas del juego. Porque permite que más familias puedan incorporar herramientas que faciliten una alimentación más saludable. «Por 20 o 30 euros puedes tener un aparato que utilizas a diario y que mejora tu calidad de vida. Es una inversión muy razonable».

Pero no solo es cuestión de precio. También de diseño. Colino valora especialmente la apuesta estética: colores, acabados, integración en distintos estilos de cocina. «Para los que diseñamos, esto es fundamental. No puedes arruinar un proyecto con un aparato que no encaja».

Una reeducación necesaria

La conversación deriva inevitablemente hacia un diagnóstico compartido: en España se sigue comiendo mal. O, al menos, peor de lo que se debería. Comida procesada, falta de tiempo, escasa planificación. «Estamos mal acostumbrados», reconoce. Pero no se queda en la crítica. Propone soluciones concretas, realistas. «No se trata de dejar de comer una croqueta. Se trata de hacerlo una vez a la semana y, si puede ser, con menos aceite». «Como decía Hipócrates, que la comida sea tu medicina», nos recuerda.

Ahí es donde dispositivos como la freidora de aire o el robot de cocina juegan un papel decisivo. No solo facilitan la preparación, sino que reducen las barreras. «Las recetas son más accesibles, los ingredientes más comunes. Cualquiera puede hacerlo».

https://images.openai.com/static-rsc-4/a2EdC2utQdXnEo0vtmOs5mVXky1yAOwLxaLdRapFpekvGMa1KPLk8lPRsFNj5pgu3bFh2f2YBAn3fVEupzFI32YkdXoQQXdliwci6FZYZk_nMC6RhsEZpGUuc_0zuK45QVwTMzIN0Tw_TsYWx9TWOR_SMJtBF1ueoLpMz6Lh29xzy1YhAwx1gVIM4hOIuUK5?purpose=fullsize

Frente a la cocina tradicional televisiva —“ves recetas y piensas que no tienes los utensilios o los ingredientes”—, el nuevo paradigma apuesta por la simplicidad. Por una cocina eficaz, que no reste energía y que aporte valor al organismo.

Tecnología, hábitos y futuro

Colino insiste en una idea: la tecnología no sustituye al conocimiento, pero sí puede impulsarlo. Las redes sociales, los contenidos digitales, las comunidades de usuarios… todo contribuye a generar una nueva cultura alimentaria. «Cada vez hay más conciencia«, afirma. «Ya no ves a gente promoviendo comida poco saludable de forma sistemática. Hay un cambio».

Sin embargo, considera que aún queda camino por recorrer. La reeducación es necesaria. Y en ese proceso, tanto diseñadores como marcas tienen un papel relevante. «Nosotros también somos parte de esa transformación, admite.

Porque, en última instancia, la cocina no es solo un espacio físico. Es un reflejo de cómo vivimos, de cómo nos cuidamos y de cómo nos relacionamos. Y en ese escenario, el pequeño electrodoméstico —tan a menudo infravalorado— se revela como una herramienta poderosa.

Mucho más que “otro trasto”

El propio Colino reconoce el escepticismo inicial de muchos usuarios: «A veces ves un aparato y piensas: otro trasto más». Pero la percepción cambia cuando se integra en la rutina. Cuando se utiliza para preparar un desayuno, una crema de verduras o una comida para llevar. «En cuanto lo usas, cambia todo», asegura, «esa misma noche estás cenando mejor”.

Su mensaje final es claro: no hace falta esperar a una gran reforma para mejorar la alimentación. Basta con pequeñas decisiones, pequeños cambios. Y, en muchos casos, con pequeños electrodomésticos. Porque, como resume con sencillez, «la cocina es el lugar donde empieza todo«.

Lo más leído