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Mar Orozco: de preparar a los ganadores de ‘MasterChef’ a enseñar a ‘Cocinar’ a todo Madrid

POR REDACCIÓN

Por Guillermo Domínguez

En la cocina, como en tantas otras cosas, casi todo empieza por perder el miedo. Al cuchillo, al fuego, a equivocarse con la sal o a descubrir que ese plato que parecía reservado a los demás también puede salir de nuestras manos. Mar Orozco lleva años viendo ese instante: alguien llega convencido de que no sabe cocinar y, unas horas después, prueba lo que ha preparado con una mezcla de sorpresa y orgullo. Ahora ha decidido que esa experiencia no sea solo para unos pocos.

En el número 20 de la calle Oquendo, en Madrid, abre Cocinar. El nombre es un verbo y también una declaración de intenciones. No es un restaurante ni una escuela de cocina al uso, sino un espacio propio donde la gastronomía sirve de punto de partida para aprender, reunirse, celebrar y compartir. La chef madrileña traslada allí, por primera vez de forma estable y abierta al público, una manera de enseñar que hasta ahora había desarrollado en casas particulares, empresas y junto a concursantes de MasterChef Celebrity.

«Quería crear un lugar en el que cupiera todo lo que más me gusta de mi profesión: cocinar, enseñar, recibir a gente y conseguir que alrededor de una cocina pasen cosas», explica. Cocinar es, en ese sentido, una casa. Una cocina para ponerse el delantal y meter las manos en la masa, pero también una mesa alrededor de la cual conocerse.

Del cuchillo al guiso

La promesa no es convertir a cada alumno en chef. Es que pueda manejarse mejor, entender por qué una preparación funciona y llevarse recursos que le sirvan cuando vuelva a su cocina. Orozco se fija pronto en los gestos básicos: cómo se coge un cuchillo, cómo nos colocamos frente a la tabla, qué hacemos con cada ingrediente. Parecen detalles menores, hasta que uno comprueba que cortar mejor una cebolla o dominar el fuego puede cambiar el resultado —y hacer más sencillo el camino—.

En sus clases, la técnica no está para impresionar, sino para dar seguridad. Organización, producto, tiempos, temperaturas y capacidad de reacción: aprender a cocinar también consiste en saber qué hacer cuando algo no sale exactamente como estaba previsto. «No quiero que alguien salga sabiendo hacer únicamente cuatro recetas», explica Mar Orozco a CORPORATE. La idea es que aprenda técnicas y trucos que después pueda aplicar en muchos platos distintos.

Esa vocación tiene mucho que ver con el momento que más disfruta: cuando alguien que se presenta como «malísimo cocinando» descubre que puede hacerlo. No hacen falta fuegos artificiales ni una cocina profesional para sentirlo. A veces basta una buena salsa de tomate, hecha con tiempo y a la temperatura adecuada, para entender cómo se transforma un ingrediente sencillo.

Los lunes se cocina para toda la semana

La programación de Cocinar parte de esa utilidad cotidiana. Los lunes llega el Club de los Lunes, la interpretación de Orozco del batch cooking: una sesión de algo más de dos horas para organizar y preparar comidas de la semana mientras se aprenden recetas y técnicas. El objetivo no es llenar recipientes por llenar, sino salir con ideas que permitan comer variado y resolver mejor el día a día.

Entre las propuestas que ha compartido figuran una crema de calabacín con coco y lima, una ensalada de lentejas con verduras encurtidas, lubina a la plancha con arroz basmati y verduras asadas, o un guiso de pollo con setas. Platos completos, pensados para combinar ingredientes y ganar recursos. La práctica semanal se convierte así en una clase aplicada: se cocina para llevarse algo más que la cena.

Los miércoles están dedicados inicialmente a la cocina básica, para quienes quieren empezar desde cero o poner orden en lo que ya saben. Los sábados, en cambio, tendrán propuestas temáticas que irán rotando: cocina italiana, arroces y otras gastronomías o técnicas que se incorporarán a la agenda. La programación irá creciendo con nuevos formatos y, en su caso, chefs invitados.

Una cocina que también reúne

Cocinar nace con otra dimensión: la de los encuentros privados y profesionales. El espacio puede acoger celebraciones, presentaciones de producto, showcookings, eventos para clientes, producciones audiovisuales y jornadas de equipo. En vez de limitarse a compartir una sala, la propuesta es hacer algo juntos. Seguir una receta, repartirse tareas, probar y sentarse después a la mesa.

La cocina permite que una empresa o un grupo se encuentre de otra manera, sin que todo dependa de una presentación o una conversación formal. Cada experiencia puede adaptarse al número de participantes y al objetivo del evento. También aquí aparece una de las ideas centrales del proyecto: cocinar como una actividad compartida, capaz de poner a la gente en movimiento y crear un ambiente distinto.

La mesa, dice Orozco, tiene «algo especial». Entre los alumnos que han pasado por sus clases hay personas jóvenes que buscan un plan diferente y mayores que quieren aprender o, sencillamente, disfrutar. No hace falta llegar con un nivel determinado ni con una ambición profesional. Basta la curiosidad y las ganas de probar.

De la publicidad a los fogones

El camino de Mar Orozco hasta Cocinar no fue lineal. Madrileña, con raíces almerienses por parte de madre, estudió Publicidad y Relaciones Públicas y trabajó durante años en marketing. En 2016 decidió cambiar de rumbo y formarse en Le Cordon Bleu. Después pasó por cocinas profesionales como Dos Cielos, el restaurante madrileño de los hermanos Torres, y continuó su recorrido en Almería antes de emprender como chef privada y profesora.

En su historia conviven la técnica francesa que la marcó desde el principio, el respeto por el producto y una inclinación por incorporar algunos matices asiáticos. Pero su popularidad llegó, en buena medida, enseñando. Miki Nadal acudió a ella antes de participar en MasterChef Celebrity y ganó aquella edición junto a Juanma Castaño. Un año más tarde, Lorena Castell también se alzó con la victoria tras prepararse con Orozco. Otros concursantes, como Álvaro Muñoz Escassi, llegaron a la final; también han trabajado con ella Juan Betancourt, Alejo Sauras, Francis Lorenzo e Icíar Miranda, entre otros.

La etiqueta de «la chef que prepara a las celebrities» cuenta solo una parte de la historia. En Cocinar, el foco está en algo menos televisivo y más cercano: enseñar a alguien a manejarse con un cuchillo, entender un guiso o llegar a casa con ganas de encender los fogones. A quien le da pereza cocinar, Orozco le diría que quizá no le falte tiempo, sino una base para empezar.

Su nuevo espacio convierte esa convicción en una invitación. Se viene a cocinar, sí, pero también a aprender, conocer gente y sentarse juntos. En la calle Oquendo, el verbo ya tiene casa.

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