Un estudio de la multinacional retrata cómo evoluciona la hospitalidad en Europa: crece el deseo de recibir con autenticidad, aunque aún sigue presente la presión por que todo salga perfecto. En España, más de la mitad reconoce que cocinar para los invitados le genera estrés.
Guillermo Domínguez
Preparar la mesa, pensar el menú, cuidar cada detalle. Durante mucho tiempo, recibir en casa pareció exigir una puesta en escena impecable. Pero esa idea empieza a dejar paso a otra más personal: la de abrir las puertas del hogar sin someterse a un guion.
Así lo refleja The Art of Hosting, un estudio de AEG sobre las nuevas formas de ejercer de anfitrión en Europa. Siete de cada diez europeos consideran que quienes mejor reciben son quienes hacen las cosas a su manera, en lugar de limitarse a seguir las tradiciones. Sin embargo, la libertad convive con una expectativa persistente: el 69% siente presión para que todo salga perfecto.
Autenticidad entre nervios
La transformación también se percibe en España. El 59% de los encuestados españoles cree que ser un buen anfitrión ha cambiado en los últimos años. Entre los europeos, un 36% asocia esa evolución con una manera más informal de recibir, mientras que un 27% destaca la importancia de personalizar cada encuentro.

La búsqueda de naturalidad no siempre consigue disipar los nervios. España encabeza la lista de países donde más anfitriones sienten presión al cocinar para sus invitados: lo afirma el 51%, frente al 39% en Alemania y el 36% en Portugal. Aun así, recibir también despierta emociones positivas. El 39% de los europeos lo relaciona con la felicidad y el 29%, con la ilusión.
La casa como lugar de encuentro
Recibir sigue siendo, ante todo, una forma de compartir. Más de la mitad de los europeos invita a amigos o familiares a casa al menos una vez al mes. Grecia registra la cifra más alta, con un 62%; le siguen Portugal, con un 57%, Alemania, con un 55%, y España, con un 54%.
Cuando se les pregunta qué cualidades definen a un buen anfitrión, los participantes señalan el respeto (36%), la calidez (31%) y la individualidad (28%). Las tradiciones siguen teniendo su sitio, sí, pero también se adaptan: pueden conservarse en una receta familiar reinterpretada, una mesa decorada para la ocasión o una celebración hecha a medida.
Cinco maneras de recibir
El estudio identifica cinco perfiles de anfitrión entre los europeos. El más común es el Perfeccionista, que representa al 34% y cuida la planificación y los detalles. Le sigue el Atento (25%), centrado en la comodidad de quienes le acompañan. El Arquitecto (17%) diseña el ambiente y el ritmo del encuentro; el Alquimista (16%) prefiere la improvisación, y el Comodín (8%) cambia de estilo según la ocasión.

Más que encasillar a quienes reciben, estos perfiles dibujan un abanico de posibilidades. No hay una sola fórmula para hacer que alguien se sienta bienvenido.
Tecnología para quitarse preocupaciones
Parte de la tensión nace de cuestiones prácticas. El 51% de los anfitriones europeos asegura haber evitado alguna comida, bebida o decoración por temor a las manchas o a estropear la ropa y los textiles. Son pequeñas decisiones que pueden condicionar el menú, la mesa y hasta la comodidad de los invitados.
En España, el 74% afirma que recurriría a la inteligencia artificial para elegir recetas o adaptarlas a los ingredientes disponibles. La tecnología puede ayudar a resolver algunas de esas tareas —desde la preparación de la comida hasta la limpieza posterior— y dejar más espacio para disfrutar de la reunión.
«Ser un buen anfitrión trata de reunir a las personas, pero muchos aún sienten la exigencia de que todo salga perfecto», afirma Elisenda Picola Brau, vicepresidenta de Marketing y Sostenibilidad del Grupo Electrolux en EMEA. «Nuestro estudio demuestra que las reuniones más memorables suelen ser las más personales», apunta. A través de The Art of Hosting, añade, AEG quiere animar a las personas a experimentar y a crear encuentros que reflejen quiénes son.

El estudio se realizó entre 1.000 personas de 11 mercados europeos. Su retrato apunta a una hospitalidad que conserva el deseo de cuidar a los demás, pero encuentra nuevas formas de expresarlo: con menos reglas, más personalidad y la confianza de que una buena reunión no depende de que cada detalle salga perfecto.

