Guillermo Domínguez
Hay lugares que trascienden su función original para convertirse en paisaje emocional de varias generaciones. El lago de Westfield Parquesur, recién reabierto con una renovada oferta de terrazas, es uno de ellos. Un espacio que no solo vuelve a latir, sino que simboliza algo más profundo: la capacidad de adaptación de uno de los principales motores comerciales del sur de la Comunidad de Madrid.
En torno a este enclave, con el agua como telón de fondo y el bullicio contenido de una jornada de inauguración, se dan cita el alcalde de Leganés, Miguel Ángel Recuenco, y el director del centro, Enrique Bayón. Ambos coinciden en una idea: Westfield Parquesur no es solo un centro comercial, sino que es toda una institución.
«Es orgullo de Leganés», resumió el regidor durante el acto de inauguración de las terrazas del Lago de Westfield Parquesur, que contó con fuegos artificiales y la actuación al aire libre del grupo musical Despistaos (Física o Química, entre otros temas). No lo dice Recuenco desde la retórica, sino desde los datos. «Estamos hablando de 21 millones de visitas anuales en una ciudad de 200.000 habitantes. Eso significa que hay una atracción real de gente de fuera, que viene porque lo que encuentra aquí le gusta, y mucho», añadió el alcalde de Leganés en una entrevista junto a Bayón concedida a CORPORATE.
Un referente que trasciende fronteras locales
El recorrido de Westfield Parquesur es, en muchos sentidos, la historia reciente del consumo en España. Desde su origen en 1989, el complejo ha mutado tantas veces como lo han hecho los hábitos de los ciudadanos. Cambios de nombre, ampliaciones, reposicionamientos… y, ahora, una nueva fase que culmina con la recuperación del lago como espacio experiencial.
«No somos un actor independiente», explica Bayón. «Formamos parte de Leganés. Todo lo que hacemos aquí tiene sentido porque hay una comunidad detrás que sigue apostando por nosotros generación tras generación«, añade.

No es una frase vacía. El director habla de «cuarta generación» de visitantes. Familias que han crecido al ritmo del centro y que han incorporado Westfield Parquesur a su rutina vital: desde el ocio hasta la restauración, pasando por la compra cotidiana o la celebración de momentos especiales. En ese sentido, la nueva zona de terrazas no es solo una reforma estética. Es una declaración de intenciones: reforzar el componente experiencial en un momento en que el comercio físico compite con lo digital.
El lago: de icono a motor económico
La intervención sobre el lago llega tras años de planificación y forma parte de una estrategia más amplia. «Esta es la fase cuatro de la remodelación«, desvela Bayón. «Y ya estamos pensando en la fase cinco». La frase encierra una clave: la transformación no se detiene. Westfield Parquesur no se conforma con su posición dominante, sino que la reinventa.
La llegada de nuevas marcas internacionales —muchas de ellas eligiendo este enclave incluso por delante de la capital— confirma esa tendencia. «Que grandes firmas opten por Westfield Parquesur como primera implantación es algo que nos llena de orgullo», admite el director. «Pero también es una responsabilidad«. La responsabilidad de mantener un estándar elevado en un mercado cada vez más competitivo. Y, sobre todo, de seguir siendo relevante para un público que ya no se conforma con comprar: quiere vivir experiencias.
El lago, con su nueva vida, apunta precisamente en esa dirección. Restaurantes abiertos al exterior, terrazas que invitan a alargar la sobremesa y un entorno pensado para el paseo y la permanencia. Más que un espacio de tránsito, un lugar de estancia.
Leganés y su espejo más visible
Para el alcalde, Westfield Parquesur es también una herramienta de proyección. «Es un punto de referencia para toda la Comunidad de Madrid», insiste Recuenco a CORPORATE. «Y eso repercute directamente en la imagen de la ciudad».
No es una cuestión menor. En el área metropolitana, donde las identidades locales a menudo quedan diluidas, contar con un icono reconocible es un activo estratégico. Westfield Parquesur lo es. Y ahora, con la renovación del lago, refuerza esa condición. «Muchas veces las ciudades del sur quedan eclipsadas por Madrid capital«, reflexiona el regidor. «Pero espacios como éste demuestran que también aquí se generan polos de atracción de primer nivel».

La coincidencia temporal con la conmemoración de los 400 años de Leganés como villa añade una capa simbólica. Pasado y futuro dialogan en un mismo escenario. «Tenemos que sentirnos orgullosos de nuestra historia, pero también pensar hacia dónde queremos ir», subraya Recuenco.
Comunidad, empleo y arraigo
Más allá de las cifras de visitantes o de la llegada de marcas, hay un elemento que ambos interlocutores subrayan: el impacto en la comunidad. Westfield Parquesur no es solo un destino comercial; es también un generador de empleo y un espacio de cohesión social. «Siempre hemos querido devolver a Leganés lo que Leganés nos da», apunta Bayón. Esa devolución se materializa en iniciativas de distinto tipo, desde acciones sociales hasta colaboraciones con el tejido local.
El centro, en ese sentido, actúa como un ecosistema. Un lugar donde confluyen intereses económicos, pero también relaciones humanas. Donde el comercio se mezcla con la vida cotidiana. Y es ahí donde, quizá, resida su mayor fortaleza: en haber sabido evolucionar sin perder el vínculo con su entorno.
Un futuro en constante construcción
La inauguración de las terrazas del lago no es un punto final, sino un punto y seguido. Un nuevo capítulo en una historia que, lejos de agotarse, sigue escribiéndose. «Seguiremos adaptándonos», promete Bayón. La frase resume una filosofía que ha permitido a Westfield Parquesur sobrevivir —y prosperar— durante casi cuatro décadas.
Mientras tanto, el lago vuelve a llenarse de vida. De conversaciones, de paseos, de tardes que se alargan sin prisa. De esa mezcla de rutina y celebración que define los lugares verdaderamente importantes. Porque, al final, Westfield Parquesur no es solo un centro comercial. Es un reflejo —como su lago— de una comunidad que se reconoce en él. Y que, generación tras generación, sigue encontrando motivos para volver.

