En un momento en el que el consumo de alcohol se redefine —más consciente, más pausado, pero no por ello menos exigente—, la irrupción de propuestas como Latitude 23,5N no parece una casualidad, sino una consecuencia lógica. La firma barcelonesa 100&NOMORE, conocida por sus ginebras artesanas premium elaboradas en series limitadas de apenas 100 botellas, presenta ahora una nueva colección que apunta directamente a ese territorio intermedio entre el placer y la moderación.
Latitude 23,5N no es solo un lanzamiento: es una declaración de intenciones. Un paso estratégico hacia el segmento low alcohol que, lejos de diluir la identidad de la marca, la ensancha.
Del mapa al paralelo
Hasta ahora, 100&NOMORE había construido su relato en torno a lugares concretos: Brava, Sichuan o Brighton son ejemplos de cómo el territorio podía convertirse en experiencia líquida. Pero con la serie Latitude, el enfoque cambia. Ya no se trata de un punto en el mapa, sino de una línea invisible que lo atraviesa todo.

Cada ginebra de esta nueva colección se inspira en un paralelo geográfico, y con él, en los botánicos que crecen a lo largo de esa franja del planeta. Un giro conceptual que aporta coherencia narrativa y, al mismo tiempo, una personalidad diferenciada.
La primera parada es el Trópico de Cáncer. Latitude 23,5N toma su nombre —y su graduación— de esa línea imaginaria que recorre zonas cálidas, especiadas y profundamente evocadoras. Porque aquí, incluso el grado alcohólico forma parte del discurso.
Una ginebra que se bebe a otro ritmo
Con sus 23,5 grados, Latitude 23,5N se sitúa en un terreno híbrido: ni alta graduación ni alternativa sin alcohol. Un espacio que gana cada vez más protagonismo, especialmente en la coctelería contemporánea y en entornos gastronómicos donde la experiencia se alarga y se matiza.
La propuesta cobra todo su sentido en el gin & tonic. Al mezclarse, la graduación final ronda los 4,5 grados, en línea con una cerveza. Pero la comparación termina ahí. Porque donde la cerveza ofrece familiaridad, esta ginebra despliega complejidad.
Su perfil botánico es, en sí mismo, un viaje: korarima, tomillo, pomelo rosa, jengibre fresco, pimienta verde y pulpa de mango. Ingredientes que construyen un equilibrio entre lo herbáceo, lo cítrico y lo tropical.
En boca, la entrada es intensa, con un punto verde que recuerda al paisaje del que procede. Después, la fruta emerge con suavidad, envolviendo el conjunto en una sensación jugosa y amable. El final, largo y sedoso, invita a lo que la marca parece buscar: beber sin prisa.

Adaptarse sin traicionarse
El auge del low-no alcohol no es una moda pasajera. Responde a un cambio cultural más profundo, donde el consumidor busca controlar la ingesta sin renunciar al placer ni a la sofisticación. En ese contexto, muchas marcas han optado por versiones descafeinadas de sus productos. No es el caso.
Latitude no sustituye a la colección principal de 100&NOMORE; la complementa. Funciona como una nueva capa dentro de su universo, ampliando momentos de consumo sin sacrificar complejidad aromática ni relato.
Ese equilibrio —entre adaptación y coherencia— es, probablemente, el mayor acierto del lanzamiento. Porque entrar en el segmento low alcohol sin perder identidad no es sencillo. Y aquí, la marca parece haber encontrado su propio lenguaje.

Lo que viene: del hemisferio sur al cero absoluto
Latitude 23,5N es solo el inicio. La hoja de ruta ya está trazada y apunta a dos nuevas referencias que verán la luz a lo largo de 2026.
Por un lado, Latitude 23,5S, inspirada en el Trópico de Capricornio, que trasladará la narrativa al hemisferio sur. Por otro, Latitude 0,0, una versión sin alcohol que promete mantener el mismo rigor en la selección botánica y en la construcción aromática.
Dos movimientos que confirman que la colección no es un experimento puntual, sino una apuesta a largo plazo.
En un mercado saturado de lanzamientos, donde la novedad a menudo se confunde con ruido, Latitude 23,5N destaca por algo más difícil de conseguir: coherencia. No pretende ser todo para todos, pero sí ofrece una respuesta clara a una pregunta cada vez más frecuente: ¿es posible beber menos alcohol sin renunciar a la experiencia?

La respuesta, al menos en este caso, parece afirmativa. Porque, como sugiere la propia filosofía de la marca, viajar no siempre depende de la graduación, sino de la intensidad del recorrido.

